Hay lugares que nunca terminamos de dejar.
Volvemos a ellos una y otra vez y, con cada regreso, encontramos algo conocido esperándonos: una casa, una habitación, objetos conservados durante años, las plantas que vuelven a florecer después del incendio, un animal salvaje que aparece siempre, una mesa preparada para recibirnos.
Estas fotografías fueron realizadas durante una de mis visitas a Córdoba, la ciudad donde nací. Al recorrer espacios familiares y paisajes que forman parte de mi historia, mi atención se detuvo en aquello que siempre había estado ahí. Presencias vivas llenas de significado que continúan acompañando el paso del tiempo.
Pertenencias reúne fragmentos de esos vínculos. Objetos, lugares, seres vivos y gestos cotidianos que forman parte de una geografía afectiva construida a lo largo de los años.
Porque hay cosas que conservamos.
Y hay otras a las que seguimos perteneciendo.